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martes

Niall Binns La Complu en la calle

http://youtu.be/T17DMkQ-uzU

jueves

Carl Gustav Jung

miércoles

Billy...

- En el caso del Jazz por ejemplo.- Decía Javier.- la fotografía tuvo mucho que ver, alimentó la leyenda, el mito.- Enhebraba las palabras, pero pensaba en otras cosas.- El instante creativo fue captado como nunca antes se había hecho.- ¿realmente las pensaba?.- En la cara del Sachmo con las venas a punto de estallar, en medio de un solo, casi se escucha lo que estaba siendo creado, o Billie Holiday extraviada de si, con las aletas de la nariz dilatadas por el alcohol y la cocaína. Fíjate bien Carlos.- pero sino me cuesta nada nombrarlo. Carlos Álvarez, el muerto.- cuando mires una de esas fotografías porque estarás observando el instante mágico de esa gente.- tenías talento, flaco. Todo por delante.- hay uno, un fotógrafo loco por el jazz un tal Hinton que conseguía fotos maravillosas. Debía implicarse con sus fantasmas, siempre estaba en sitio adecuado, el ángulo perfecto.- No sabia porque, pero de pronto sintió que Carlos tenía una pregunta en los labios. Una pregunta que venía de lejos y que el mismo se la hacía con cierta vergüenza, con cierto pudor porque no toleraba el sentimiento de lastima o de autocompasión. (De "Terricolas Un encuentro con el muerto")

martes

Con título transitorio

A mediados de Septiembre, cuando va menguando el ajetreo veraniego y los días se empiezan a acortar, me siento ajeno. Yo sé que durará unos cuantos días, que en cuanto la rutina siga y la luz del día establezca esos inciertos horarios que hacen del otoño algo más que un amigo de recuentos, se me pasará. Entonces, una mañana, de improviso, caerá sobre mí el vacío, el miedo agazapado en sus trajes de responsabilidad, de futuro incierto, de comprobaciones, de inquietantes preguntas. Sin embargo por ahora me impulso muy de mañana a encontrar el hilo de esta madeja a la que intento disolver en una historia. Vivir en el centro es de gran ayuda para estos casos, solo debo bajar mis siete pisos, salir al zaguán del edificio, aproximarme a la puerta; hacia el inicio, hacia la palabra que inaugure la existencia, con esa suerte de extrañeza de no saber lo que vendrá a continuación. Los puntos suspensivos que se abrirán como pequeños acertijos, el acento que lo cambia todo, las interrogantes… (De Cuatro Quesos - Libro de relatos)

Conversación en la catedral

Continuando con el viejo tema, aqui una recreación de Yanallqu,

miércoles

In memorian




Esa mañana sin hora, fuera del tiempo, gris y preparándose para un aguacero sin fuerza pero que todo lo moja. Esa mañana blanda arropada de un cigarrillo con café, lo situó por encima de lo físico, de lo inmediato, en una dimensión que, aderezada con la música que escuchaba, lo emparentaba con la eternidad, con el infinito.
Detuvo su lectura, y se puso a mirar sin mirar como pasaban las personas con el paraguas ya abierto algunas, otras con paso rápido, echando un vistazo por si se podrían guarecer. La ultima frase leída encajaba con el momento... tres gotas salpicaron en la acera, una premonición...
La eternidad y el infinito, tomaron asiento junto a él. Uno a cada lado, como tres viejos amigos en su banco de la vida, mirando llover. Se nos da una vida, no su sentido y hasta descubrirlo casi es como un arrebato, un soplo. Las gotas hierven sobre la acera resplandeciente en mil colores, se da cuenta que han encendido las luces de la tienda de enfrente. Se ha detenido en su lectura porque leyó premonición y porque las gotas salpicaban casi instantáneamente por el quicio de la puerta del negocio. Una gota, una lluvia más en su vida llena de lluvias. Gotas, y ahora el hermoso ruido del agua desparramándose, y corriendo el desnivel de la calle como un millón de pequeños reptiles. Se acerco a la puerta, dejándoles como dos niños que esperan ansiosos el cuento aprendido.
Algo más que su cuerpo tembló cuando la vio llegar por la calle vacía. Entraron juntos, locuaz silencio de saberlo todo. Por última vez miró su libro, como una mano abierta extendida hacía él.
Llegaba al momento absoluto con la misma sorpresa del primero. Las aguas, el sudor, el centro que se esparce en diminutos hielos eléctricos, omnisciencia de su vida, de su querida vida dejando ser, alejándolo imperturbable como una corriente interna que va arrastrando a todo lo que se interpone, los apegos. La cantidad de belladona había sido suficiente. La eternidad le esperaba ansiosa con su amigo, les vio reír y no tuvo fuerzas, el hielo le cubría ya.
Las gotas de sudor salpicaron sobre el libro cuando golpeo con una parte de su sien. Su ojo, aun no apagado, alcanzo a leer desde un ángulo que la vida no le había enseñado en todos estos años... del final.

jueves

Chet Baker




Una voz calida y una manera de tocar la trompeta muy suya, a mí que la trompeta siempre me ha resultado difícil de aceptar, en este caso, el de Baker se me hace fácil y tremendamente familiar. Me hace pensar que durante mi infancia, esa parte de la vida de uno, en la que los sentidos van grabando con la agudeza de su recién estrenada sensibilidad, una a una, las cosas que pasan a nuestro alrededor, guardando sonidos, colores, olores, caricias… Estuve calculando: Chet Baker consigue fama internacional por los años 50, en el 55 que es cuando nací, ya podría haber llegado a casa en un disco o quizá… me imagino: yo dando agu, agus, mientras que mamá me levanta de la cuna para colocarme cerca de su pecho, tomará asiento en ese lugar cómodo que ya tiene destinado y me acercará su pezón suave y perfumado y yo daré un brinco de alegría porque es el momento de sorber ese liquido delicioso que tanto bien me hace y pondré las manitas para sentir ese tacto tibio y suave de su pecho cargado. Por algún lugar de la casa estará sonando estas canciones, a lo mejor es simplemente una radio por allí emitiendo lo ultimo de un tal Chet Baker.
Cuando lo encontré, de eso ya hace algún tiempo, el timbre de su voz me transportó, no sabía a donde, pero fue fugas y rotundo a la vez, me trasladaba…Supuse que me gustaba como a muchos había gustado y formé parte de sus admiradores sin más. Luego vino el sonido de su trompeta y esa singular forma de tocarla, lejos de toda estridencia que en tantos trompetistas de jazz a veces se les daba en un afán de buscar la nota no escrita, el verbo musical dicen algunos, en fin… en Baker encontraba que tocaba con una delicadeza especial, algo así como para no alterar la lactancia de un bebé. Seguí escuchándolo y hurgando entre sus canciones, era como buscando algo, una pulsión que me alentaba a escuchar más de su música, en cada canción iba encontrando un eco que rebotaba en mi archivo interior, quizá apenas eran unas pocas notas, la vocalización de unas palabras que además no entendía. Generalmente me gusta traducir las letras del ingles y confirmar todo el sentido de las canciones, en este caso no necesitaba de eso, me transportaba igual, ya tenía la asimilación esencial y básica en el disco duro.
En su biografía busqué, no sabía que datos estaba buscando, pero así supe que fue hijo de músicos y por lo tanto la música formó parte de él como un gen más, cantó de niño en coros de su pueblo y que muy joven dejo los estudios para alistarse al ejercito y ver mundo tocando en la bandas militares. Sensible y rebelde, el jazz fue su medio por donde sacar lo que tenía que dar, a cambio recibió la peligrosa fama. Se engancho a las drogas como casi todos los de su tiempo, mujeriego, caótico y grande en cada concierto y grabación que hacía por todo el mundo, encarcelamientos y expulsiones añadidas. Solo que una vez, a los 37 años se vio envuelto en un lío de traficantes e impagos, recibiendo una paliza donde le rompieron los dientes delanteros, su larga cuesta abajo empezó allí, no sin antes dar muestras de históricas apariciones y grabaciones, un estrella que se va apagando con su propia combustión, hasta que un día se tira por la ventana de un hotel, estaba completamente lleno de heroína.
Como se ve, no es historia para lactantes y lo que yo andaba buscando era esa canción que me acompaño mientras me atiborraba de leche materna. Lo sigo haciendo y tengo ya varias candidatas; Será cosa que un día mi resorte tire y entonces sabré cual es el nombre de la canción, de momento las candidatas son:

Time after Time

My funny Valentine

The thrill is gone

Embraceable you

Let’s get lost

Almost blue

Y get along without you very well

martes

Mañanas de Chat


El tiempo nos cubre con su manto infinito, el tiempo, sospecho, esta hecho de trozos,retazos de memoria anclada en nuestro espacio intercelular. Asi cubiertos de tanta vida navegamos sin velas por la historia, nuestra historia. Invento de un rayo, esplosión quimera hacedora de risas, llantos, miedos, felicidades, constructora natural de un latir, de una pulsión, lactancia y agonía. Vamos y nos quedamos, porque nuestro roce alimenta al mundo, avído de vida, de energía que tropiece con su mutismo de muerto, con su inercia momificante.
Así, las mañanas tienen eso que les ponemos desde nuestros rincones, un trozo más de historia despegando de una pantalla a otra, de un micrófono a otro, de una señal a otra, y cumpliendo una arácnida muestra de complicidad, nos envolvemos en su red. Conectamos desde un antifaz a otro para producir el gran intento humano, compartir ese hueco, (a veces vacío, otras no) y mostrar sin querer demostrar que le hacemos frente al hastío, la impudicia de atreverse.
Aveces; tecleamos como en un piano que escuchamos, porque elfa puso algo de jazz, otras, apuntamos con nuestro roedor para detener un tiempo que puede ser infinito, porque rompe a dado en la diana, y otras, además, respiramos para digerir ese momento irrepetible cuando las coordenadas se encuentran y se conjuga el misterio del alma repetida en otra vos, otro suspiro, otra risa, sin saber en qué espacio colocar un beso que abarque a una sala de chat.
El tiempo, decía, nos cubre con infinita bondad, y está hecho de trozos.