Barra de vídeo

Loading...

martes

Homenaje a una Vida. Gracias Estuardo Nuñez

Un Árbol Centenario from Miguel Medina on Vimeo.

viernes

Movimiento ZEITGEIST

jueves

Carl Gustav Jung

C5N-PREMIO NOBEL DE LITERATURA PARA MARIO VARGAS LLOSA

miércoles

Billy...

- En el caso del Jazz por ejemplo.- Decía Javier.- la fotografía tuvo mucho que ver, alimentó la leyenda, el mito.- Enhebraba las palabras, pero pensaba en otras cosas.- El instante creativo fue captado como nunca antes se había hecho.- ¿realmente las pensaba?.- En la cara del Sachmo con las venas a punto de estallar, en medio de un solo, casi se escucha lo que estaba siendo creado, o Billie Holiday extraviada de si, con las aletas de la nariz dilatadas por el alcohol y la cocaína. Fíjate bien Carlos.- pero sino me cuesta nada nombrarlo. Carlos Álvarez, el muerto.- cuando mires una de esas fotografías porque estarás observando el instante mágico de esa gente.- tenías talento, flaco. Todo por delante.- hay uno, un fotógrafo loco por el jazz un tal Hinton que conseguía fotos maravillosas. Debía implicarse con sus fantasmas, siempre estaba en sitio adecuado, el ángulo perfecto.- No sabia porque, pero de pronto sintió que Carlos tenía una pregunta en los labios. Una pregunta que venía de lejos y que el mismo se la hacía con cierta vergüenza, con cierto pudor porque no toleraba el sentimiento de lastima o de autocompasión. (De "Terricolas Un encuentro con el muerto")

martes

Con título transitorio

A mediados de Septiembre, cuando va menguando el ajetreo veraniego y los días se empiezan a acortar, me siento ajeno. Yo sé que durará unos cuantos días, que en cuanto la rutina siga y la luz del día establezca esos inciertos horarios que hacen del otoño algo más que un amigo de recuentos, se me pasará. Entonces, una mañana, de improviso, caerá sobre mí el vacío, el miedo agazapado en sus trajes de responsabilidad, de futuro incierto, de comprobaciones, de inquietantes preguntas. Sin embargo por ahora me impulso muy de mañana a encontrar el hilo de esta madeja a la que intento disolver en una historia. Vivir en el centro es de gran ayuda para estos casos, solo debo bajar mis siete pisos, salir al zaguán del edificio, aproximarme a la puerta; hacia el inicio, hacia la palabra que inaugure la existencia, con esa suerte de extrañeza de no saber lo que vendrá a continuación. Los puntos suspensivos que se abrirán como pequeños acertijos, el acento que lo cambia todo, las interrogantes… (De Cuatro Quesos - Libro de relatos)

Conversación en la catedral

Continuando con el viejo tema, aqui una recreación de Yanallqu,

miércoles

In memorian




Esa mañana sin hora, fuera del tiempo, gris y preparándose para un aguacero sin fuerza pero que todo lo moja. Esa mañana blanda arropada de un cigarrillo con café, lo situó por encima de lo físico, de lo inmediato, en una dimensión que, aderezada con la música que escuchaba, lo emparentaba con la eternidad, con el infinito.
Detuvo su lectura, y se puso a mirar sin mirar como pasaban las personas con el paraguas ya abierto algunas, otras con paso rápido, echando un vistazo por si se podrían guarecer. La ultima frase leída encajaba con el momento... tres gotas salpicaron en la acera, una premonición...
La eternidad y el infinito, tomaron asiento junto a él. Uno a cada lado, como tres viejos amigos en su banco de la vida, mirando llover. Se nos da una vida, no su sentido y hasta descubrirlo casi es como un arrebato, un soplo. Las gotas hierven sobre la acera resplandeciente en mil colores, se da cuenta que han encendido las luces de la tienda de enfrente. Se ha detenido en su lectura porque leyó premonición y porque las gotas salpicaban casi instantáneamente por el quicio de la puerta del negocio. Una gota, una lluvia más en su vida llena de lluvias. Gotas, y ahora el hermoso ruido del agua desparramándose, y corriendo el desnivel de la calle como un millón de pequeños reptiles. Se acerco a la puerta, dejándoles como dos niños que esperan ansiosos el cuento aprendido.
Algo más que su cuerpo tembló cuando la vio llegar por la calle vacía. Entraron juntos, locuaz silencio de saberlo todo. Por última vez miró su libro, como una mano abierta extendida hacía él.
Llegaba al momento absoluto con la misma sorpresa del primero. Las aguas, el sudor, el centro que se esparce en diminutos hielos eléctricos, omnisciencia de su vida, de su querida vida dejando ser, alejándolo imperturbable como una corriente interna que va arrastrando a todo lo que se interpone, los apegos. La cantidad de belladona había sido suficiente. La eternidad le esperaba ansiosa con su amigo, les vio reír y no tuvo fuerzas, el hielo le cubría ya.
Las gotas de sudor salpicaron sobre el libro cuando golpeo con una parte de su sien. Su ojo, aun no apagado, alcanzo a leer desde un ángulo que la vida no le había enseñado en todos estos años... del final.